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Prevención de la Anorexia y Bulimia

Cifras sobre anorexia y bulimia 

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Es difícil estimar la prevalencia de estos trastornos, sin embargo la mayor parte de las investigaciones publicadas recientemente coincide en el aparente aumento del número de casos de estos trastornos en los países desarrollados en los últimos 50 años.

En EE UU la anorexia nerviosa supone ya la tercera enfermedad crónica mas frecuente entre mujeres adolescentes, después de la obesidad y el asma.

La letalidad de los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) es la más alta entre las detectadas por trastornos psiquiatricos.

En España los últimos estudios realizados coinciden en señalar una tasa de prevalencia de casos de TCA en población adolescente de alrededor del 4,1 - 4,5%.

En concreto, la anorexia se sitúa en torno al 0,3%, la bulimia en el 0,8% y el TCA no específicado en torno al 3,1% de la población femenina de entre 12 y 21 años.

Si consideramos la totalidad del espectro teniendo en cuenta las formas mas leves, la estimación de la frecuencia es mucho mayor y se situa entre el 11-16%.

La magnitud del problema es evidente, pues está afectando, en mayor o menor medida, al menos a una de cada diez chicas adolescentes.

Los TCA están vinculados de forma rotunda al sexo femenino y a la adolescencia.

Solo entre el  5 – 10 % de los afectados son hombres y en éstos se da con más frecuencia la bulimia o el síndrome por atracón que la anorexia nerviosa, aunque también entre ellas es superior la prevalencia de bulimia.

La edad de inicio en la anorexia nerviosa se sitúa frecuentemente entre los 13 y los 18 años, no obstante cada vez se están encontrando más casos tanto en niñas prepúberes como en mujeres adultas.

En el caso de la bulimia el inicio suele darse algo más tarde, entre los 18 y 25 años, aunque se está adelantando la edad de aparición y la enfermedad se manifiesta con más frecuencia entre los 24 y los 40 ya que, al no ser el deterioro físico tan severo como en la anorexia, el cuadro clínico pasa desapercibido durante años.

En la actualidad, la adquisición de estilos de vida y hábitos alimentarios occidentales está favoreciendo la extensión de este tipo de trastornos también en países menos desarrollados.