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¿Por qué el pescado (preferentemente el azul) es “cardiosaludable”?  

Investigadores de la Universitat Rovira i Virgili (URV) y la Escuela de Medicina de Harvard identifican por qué comer pescado reduce el riesgo de enfermedad cardiovascular. 

15/06/2020 

La comunidad científica observó hace décadas que las poblaciones menos afectadas por la enfermedad cardiovascular son la esquimal y la japonesa y que la principal razón de ello es que su dieta se basa, principalmente, en el pescado fresco, especialmente el azul. Según informan desde la Fundación Española del Corazón (FEC), este alimento contiene mucha cantidad de agua, no contiene hidratos de carbono y alrededor de un 20% de su composición son proteínas de buena calidad, muy pocas grasas saturadas y sobre todo, ácidos grasos omega-3, los mayores aliados del corazón. Por ello es aconsejable comer atún, salmón, bonito, boquerón, caballa, jurel, palometa, sardina, etc., al menos, dos veces por semana. Sin embargo, aunque todo esto era bien conocido, faltaba por determinar de qué manera actúa el pescado sobre el organismo para producir efectos tan beneficiosos. Eso es precisamente lo que ha investigado un grupo de científicos de la Universitat Rovira i Virgili (URV) y la Escuela de Medicina de Harvard, liderado por Núria Amigó, CEO de la spin off de la URV y del Institut d’Investigació Sanitària Pere Virgili (IISPV) Biosfer Teslab y miembro del grupo de investigación Metabolomics Interdisciplinary Laboratory.

Luces y sombras de los omega-3
Estudios previos habían constatado que un consumo muy elevado de ácidos grasos omega-3 se asociaba a niveles más bajos de triglicéridos en sangre. Al mismo tiempo, se sabía que estos ácidos grasos también estaban relacionados con un incremento del colesterol LDL (colesterol transportado por lipoproteínas de baja densidad, conocido como colesterol malo), que es un factor de riesgo cardiovascular, porque puede acelerar la formación de arterioesclerosis (endurecimiento de las paredes de las arterias y la disminución de su elasticidad).

¿Cómo se ha realizado el estudio?
Para averiguar de qué forma podían los ácidos grasos omega 3 proteger al corazón, Amigó y su equipo ha llevado a cabo la muestra más extensa y detallada sobre perfil lipídico realizada hasta la fecha, ya que analizaron los niveles de lipoproteínas de 26.034 mujeres. Los resultados han constatado que este aumento del colesterol LDL por el consumo de pescado se asocia principalmente al transporte por las partículas LDL más grandes, que son menos aterogénicas (con menor potencial de obstrucción de las arterias), y no a un aumento del número total de partículas LDL. Los datos confirmaron que el hecho de que disminuyan los triglicéridos transportados por cualquier tipo de lipoproteínas, es un factor protector de las enfermedades del corazón.

Más efectos protectores a examen
Tras confirmar que el consumo de ácidos omega-3 modula la concentración de lípidos (colesterol, de triglicéridos y los diferentes subtipos de partículas), queda por averiguar si el consumo de pescado se asocia a menos mortalidad, tanto para enfermedades cardiovasculares como por otras causas. Tal y como concluye Amigó “si bien el riesgo es menor por cuestiones lipídicas, sería necesario observar otros factores pro-inflamatorios o de exposición a metales pesados”.

Fuentes

Fundación Española del Corazón

Diario digital Universidad Rovira i Virgili (URV)

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